El Cuervo de D. A.

Posted On 12 octubre 2009

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Cuervo demoníaco acosa a mujer alemana

Don Alipio el 9 de Octubre del 2009

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary...

Once upon a midnight dreary, while I pondered, weak and weary…

Esta historia, verídica y ocurrida en el pueblo de Weinsberg (Suroeste de Alemania) tiene el regusto de un cuento de terror de Stephen King o de un tenebroso poema de Edgar Allan Poe.

Una aterrada mujer, quizá atormentada por una extraña maldición, llamó a la policía. Su historia parecía increíble: un negro mensajero del infierno, un alado demonio, un cuervo, en definitiva, la estaba acosando. Un buen día apareció y le vio jugar con su vecino: una extraña compañía para el hombre, pero al fin y al cabo el pájaro parecía amistoso.

Sin embargo, ella pudo comprobar un extraño comportamiento en el ser alado. Mientras con el vecino era amistoso, cuando ella aparecía se apoderaba del cuervo una extraña aversión, un odio infinito del que sólo él conoce las causas. Ese atávico desagrado se convirtió en obsesión y pronto el demonio encarnado en ave se dedicó a aterrar a la pobre señora.

Así el animal se dedicaba a asustarla golpeando con el pico el cristal de la ventana: os podéis imaginar el terror que causa despertarse y ver la cara del odio envuelta en un sudario de plumas negras cual muerte encarnada tocando diana. La cosa no quedó ahí: cuando la mujer volvía de la compra ahí estaba aquel monstruo dispuesto a destrozar sus bolsas y a desparramar su contenido. Incluso llegó el ser a agredirle: el maldito se buscó como refugio una caja de cartón dentro de la cual acechaba a la infeliz y, cada vez que ella salía por la puerta, un rayo negro relampagueaba y chocaba su pico contra la cabeza de la víctima.

Llegó el día en el que la sufrida ama de casa no pudo ni salir del hogar. Cuando miraba a través de la ventana allí estaba el cuervo, subido en el techo de su coche, recordándole que el dolor y el miedo volverían y que, después de todo, sí podrían existir las maldiciones y los demonios… y que estos, desafortunadamente, eran más terrenos que los ángeles.

Ante tal historia, la policía (recordemos que la señora les había llamado al principio de esta historia) decidió actuar. Se presentaron cautelosos ante la casa de la mujer. Un avispado agente pensó una estratagema: para evitar daños quizá debería ser el vecino, aquel que se hizo amigo del cuervo, el que lo capturara.

Así se hizo: el vecino, seguro en su papel de salvador agarró comida, otra caja y, traicionando la amistad con el ser infernal, logró meterlo dentro de la trampa. La vecina respiró aliviada: la policía se haría cargo de él y le llevaría a un santuario de aves.

Pero, amigos, he aquí que nadie sabe cómo, el maldito, el infernal, el demoníaco pájaro se ha escapado de su jaula (quizá porque la palabra “santuario” no estaba de acuerdo con su naturaleza). Se le ha perdido la pista, se ha desvanecido y nadie sabe donde podrá estar.

Aunque es probable que una pobre mujer de un pueblo del suroeste de Alemania vea de nuevo un cuervo en su ventana…

… un cuervo que no se irá nunca más.

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